SEÑORES POLÍTICOS: NO SE OFENDAN… TODAVÍA NO HE EMPEZADO
Señores políticos:
No quisiera que mis palabras les ofendieran.
Por eso voy a procurar ser muy breve.
Aunque, pensándolo bien…
¿Para qué voy a ser breve si ustedes llevan años siendo largos de explicar y cortos de resultados?
Ustedes llegan al poder diciendo que vienen a servir al pueblo.
Qué detalle.
El problema es que, una vez sentados en el sillón, parece que el sillón les sirve a ustedes.
Y mucho.
Al principio dicen:
—Somos uno más.
Después:
—Somos sus representantes.
Y finalmente:
—¿Quién ha dejado entrar al ciudadano en mi despacho?
Dicho lo dicho ahora voy al grano (pomada),
En primer lugar, voy a intentar dar un pregón por escrito sobre mis PENSARES democráticos... Salidos, de unas urnas de plástico cuando se vota... ya sea a éste, al otro o a ninguno.
Porque viví la Dictadura Militar y después el timo de la Partidocracia a la española y ¡OLEEE!:
HAY GENTE QUE, CUANDO LLEGA AL PODER,
NO ES QUE SE PASE TRES PUEBLOS…
¡SE COMPRA LOS TRES PUEBLOS Y PONE PEAJE!
Pues algunos llegan convencidos de que han sido elegidos por el pueblo cuando, en realidad, lo que han conseguido es que el pueblo marque una casilla. Y de ahí a creerse superdotados del poder, por el poder y para el poder, hay solamente un pequeño paso… que ellos dan con una seguridad admirable.
Se comportan como seres endiosados, superiores al resto de los mortales, llenos de soberbia, orgullo y una confianza en sí mismos que resulta conmovedora. Deben de pensar que, una vez depositado el voto en la urna, todos los votos adquieren automáticamente la misma inteligencia, intención y sentido común.
Y aquí surge una cuestión verdaderamente incómoda:
¿Cómo va a ser igual el voto de una persona sensata que el de una persona que vota porque le prometieron una paella?
¿Es lo mismo el voto del forofo de un partido que votaría por él aunque presentaran como candidato a una farola, que el del adversario político?
¿Y qué hacemos con el voto de castigo? ¿Con el voto de mala leche? ¿Con el que vota por votar? ¿Con el que no sabe exactamente qué está votando? ¿Y con el que, después de contemplar el espectáculo, decide que lo mejor es no votar?
Naturalmente, todo eso también es democracia.
Una democracia estupenda, por cierto: miles de ciudadanos viven en ella sin saber exactamente qué es. Y algunos políticos viven de ella sin tener demasiadas ganas de explicárselo.
Porque, seamos sinceros: si consigues que el rebaño crea que eres un pastor imprescindible, jamás se le ocurrirá preguntarse por qué sigues llevando el mismo cayado después de tantos años.
Y así llegamos al maravilloso mundo de los pastores de rebaños democráticamente controlados, donde unos pastorean, otros son pastoreados y todos estamos encantados de que la oveja siga creyendo que ha elegido al pastor.
Hay que acabar con esta gentuza antes de que terminen acabando con nosotros, con el pueblo llano o, por lo menos, con nuestra paciencia.
Aunque conviene recordar algo:
Nadie les obliga a hacerse políticos, y más si "alguno" es de padre desconocido como dice la Ayuso (Marquesa de la M30 o novia de "uno" que dice: Me voy de España o me suicido... por ello, le gustan los áticos).
Nadie les pone una pistola en el pecho y les dice:
—«Vamos, hombre, hágase usted cargo del país. Es una pena que no pueda usted dedicarse a otra cosa».
No.
Se presentan voluntariamente.
Y algunos, después de hacerlo tan rematadamente mal, todavía consiguen convencernos de que son imprescindibles.
¡Eso sí que es talento!
Porque, al fin y al cabo, si yo estoy en el PARO, ellos también pueden estarlo.
Méritos, desde luego, no les faltan.
Y si después de todo esto alguno termina buscando empleo, que no se preocupe: siempre podrá poner en su currículum:
«Experiencia demostrable en gobernar. Resultados no demostrables».
Y así, queridos ciudadanos, continuamos jugando a la democracia:
De oca en oca… y gobierno porque me toca.
Y si no nos gusta el resultado, siempre podremos consolarnos pensando que, al menos, la urna era transparente y de plástico o PVC.
Lo que había dentro… ya es otra historia.
Eloy Peña.

